Nuestra trayectoria vital es como un libro del cual somos autores y protagonistas. Podemos transitar por un camino romántico o penoso, pleno de emociones o de melancolía pero cuando nos acercamos al final y no acertamos a encontrar la conclusión adecuada, a menudo nos gustaría reescribir algunos capítulos, cambiando perspectivas o matices desagradables. Es entonces cuando involuntariamente nos transformamos en un personaje de ficción, alejado de nuestra ser real, que actúa obediente al dictado del autor pero no de su corazón.
(DALE GARNEGIE)